Olvida toda expectativa

Ternura maternal - César Garcia Becerril

Ternura maternal – César Garcia Becerril

No soy de los que cuidan los libros, más bien los maltrato, les hago anotaciones  al margen, subrayo algunos párrafos que me parecen interesantes, doblo sus páginas y al final, como si fuera poco, cuando termino de leerlos los firmo y pongo la fecha del día en que doblé su última página incluso, rara vez eso sí, incluyo un comentario sobre qué me pareció su lectura.

Uno de esos sufridos libros que cayó en mis manos hace mucho tiempo en una estupenda feria de libro fue el de La rueda de la vida. Recuerdo bien que había ido sola a esa feria por segunda vez – estaba en Buenos Aires – y que cuando entré a uno de los stands más grandes de una editorial importante, de pronto giré la mirada a la derecha y vi el título de ese libro que no me llamó la atención pero sí su autora cuyo nombre ejerció en mí una poderosa atracción pues sentí casi como el llamado del librito.

De dónde la conozco me pregunté al instante, de dónde y aunque no me acordaba de dónde, había asociado su nombre a un buen sentimiento porque pensé: sólo sé que eres buena y casi en obediencia a la dirección de alguien lo compré y cuando lo hojeaba mientras lo pagaba me acordé que su nombre lo había leído en unos de los libros de Sueiro. Ah, sí dije, claro, él la menciona en sus libros.

La primera vez que lo leí no pasó nada, es decir, me gustó, sí pero nada más; pero tres años más tarde cuando volví a leer en mis viajes interprovinciales por trabajo cayó la venda de mis ojos, me pareció más que una maravilla , una fuente de sabiduría y entrega la vida de su protagonista y narradora. Era la autobiografía de Elisabeth Kluber- Ross.

Hoy que hojeo las anotaciones que le hice y releo las frases subrayadas me di con un pasaje fascinante en la que ella contacta con la madre de una niña ciega. La mujer cuando se enteró que su hija había nacido ciega reaccionó como si la hubieran desahuciado a muerte, según describe la propia Elisabeth. Bien pues, cuando aquella devastada madre le pide un consejo, Elisabeth le respondió: “Olvida toda expectativa, lo único que tienes que hacer es abrazar y amar a tu hija como un regalo de Dios”. La madre con esas palabras se fue muy alentada. Muchos años más tarde Elisabeth leyendo un diario se entera de Heidi, una prometedora niña pianista que acababa de actuar en público por primera vez. El el artículo del crítico decía maravillas de su talento.

Pronto se puso en contacto con la madre y su hija y aquella le dijo que si había luchado por su hija había sido gracias a las alentadoras palabras de la psiquiatra, pues a diferencia de ella, mucha gente le había aconsejado que la rechace, es decir, la sobreproteja en el mejor de los casos o la abandone en el peor de ellos.

En su experiencia con invidentes Elisabeth misma dice: “Lo primero que hacía era ayudarlos pero también los animaba a ‘ver’ que todavía les era posible llevar vidas plenas, productivas y felices. La vida es un reto no una tragedia. A veces eso era pedir demasiado. Veía a demasiados bebés nacidos ciegos y también a otros nacidos hidrocefálicos a quienes se los consideraba vegetales y se los colocaba en instituciones para el resto de sus vidas. Qué manera de desperdiciar la existencia”

En fin, la autobiografía está llena de pasajes como éstos y hoy, que encontré el libro sobre mi escritorio porque lo había tomado del estante hace unos días para otra cita, me topé con este pasaje  de los ciegos. Elisabeth era una mujer profunda, sabia, espiritual aunque decía no compaginar con religión alguna aún cuando tuvo una experiencia medio confusa con la gente de alguna secta. Sin embargo, creía en Dios y su conciencia estaba en fecunda sintonía con él. Entre sus fotos encuentro una que tiene con la Madre Teresa de Calcuta. En la que se miran sonrientes, envueltas en una sola Alegría como dos cómplices que sirven, cada una en lo suyo, para el mismo Señor.

Elisabeth no descubrió a Jesús en la vida, es decir, no descubrió en Él al Dios y Hombre y  Redentor Nuestro; pero fue una contemplativa de las Obras de Dios Padre Eterno y una de sus inagotables cooperadoras. Una mujer espléndida que vivió la generosidad todas las horas de su vida. La Gracias más grande es tener la suerte de reconocer a Jesús como Nuestro Señor, pero no cabe duda que muchos sin gozar de ese invalorable privilegio, han llegado a aceptar y vivir muy bien las Verdades de Dios y la más importante que es el amor.

Hoy me quedo con esa frase suya “olvida toda expectativa y ama…” a tu hija, a tu hermano, a tu esposo, a tu amiga… ama sin esperar que llegue a ser exitoso, sin esperar que sea hermoso, saludable o talentoso, en suma, ama sin esperar nada a cambio que al final, Dios revelará su don especial, es decir, qué vino a hacer esa persona en la vida y en nuestras vidas. Aquí más de sus frases: “El mejor regalo que nos ha hecho Dios es el libre albedrío, la libertad”, “Las casualidades no existen, todo lo que ocurre en la vida ocurren por un motivo positivo”. “todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios, son en realidad regalos. Son una oportunidad para crecer que es la única finalidad en la vida”. “todos hemos de aprender a amar y a ser amados incondicionalmente”, “todo es soportable cuando hay amor”.

Y aquí la melodía que me acompañó en este recorrido, un canto a Pie Jesu con la voz celestial de Sissel.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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