Seis principios para enamorarse por siempre

Bailar contigo - Sonia Koch

Bailar contigo – Sonia Koch

Una de las preocupaciones más grandes de la vida es el amor y esa faceta suya la del enamoramiento y cuánto vamos por la vida buscando amar perfectamente y cuánto nos inquietamos por ser felices enamorándonos y sin embargo qué triste cuando todo decae, cuando dejamos de amar o nos dejan de amar y todas las demás variables posibles.

Cristian Conen hace unos años escribió un libro “Amor sólido”, en el que expone cuestiones muy útiles relacionadas al enamoramiento y cómo hacer para que ese amor sea verdaderamente sólido a prueba de cualquier paliza. Para esto tomó una receta de Karol Wojtyla (lo llamo así dado que sus estudios fueron anteriores a cuando el queridísimo Santo Padre llegara a ser tal) en la que precisa seis principios como los pilares de un duradero y profundo enamoramiento. Aquí desmenuzaremos los seis según lo explicado por Conen.

El primero de ellos es el Principio personalista; es decir, hacernos expertos en la vida personal de quien amamos, buscar conocer lo que le agrada, lo que le desagrada con el fin de hacerle cada día un bien objetivo, un bien concreto. Hacernos expertos en quienes amamos con el fin de hacerle la vida más amable es amar estando enfocados en el otro y ya no en nosotros mismos por lo que queda descartado el egoísmo. Lo contrario será el utilitarismo, la manipulación, la posesividad, la intolerancia.

El segundo principio es el amor complementario y no igualitario. Reconocer que hombre y mujer somos iguales en dignidad pero muy diferentes en todo lo demás pero que esa diferencia es complementaria. Asumir este principio implica: “atender, entender, respetar y aceptar que el otro es diferente”. Entender por ejemplo, que hay una diferencia en los impulsos sexuales, el hombre tiende más a focalizar mientras que la mujer tiene una mirada más periférica de las cosas, es decir tiende a mirar el espacio y todo lo que rodea un determinado punto nuclear, de tal manera que para tener relaciones ella necesita un buen ambiente, necesita sentirse amada, etcétera. Para él no, no es preciso nada de eso sino llegar al punto nuclear lo antes posible. Si no se atiende esto, dice Conen, él y ella nunca se entenderán porque cada quien pedirá ‘peras al olmo’ y ninguno podrá ceder porque sería contrario a su naturaleza; pero si se tiene presente la diferencia podrá haber entendimiento. Del mismo modo, Conen comenta que está científicamente comprobado que, por ejemplo, las mujeres hablamos diez mil palabras al día mientras que los hombres únicamente cuatro mil; por lo que es necesario conocer esto para tolerarse mutuamente las muchas palabras y la incertidumbre de sus largos silencios.

El tercer principio es vivir amores enteros, es decir, amar con el corazón y la cabeza. Los amores frágiles se reducen al corazón, sólo a lo sensitivo y se sabe que lo sensitivo no se gobierna por lo que es preciso saber que el amor también es inteligencia, voluntad y ternura. Se necesitan de sensualidades afectivas inteligentes.

El  cuarto principio es vivir amores integrados, en otras palabras que la cabeza gobierne siempre al corazón, ya que la inteligencia es la llamada a gobernar las potencias humanas que ‘ven menos’: los sentimientos, los impulsos, las emociones. Juan Pablo II decía: “No eres responsable de lo que sientes pero sí eres responsable de lo que haces con lo que sientes”, de ahí no es justificable la infidelidad. De aquí se puede dar un salto una gran pregunta ética: ¿Qué te hace feliz?, la respuesta sería que lo único que nos hace auténticamente felices es vivir los valores en forma de hábitos.

El quinto principio es vivir amores maduros. Existe una fase de crecimiento del amor así como el de la propia existencia por lo que el amor atraviesa por distintas fases. El flechazo dura poco tiempo y es bueno que así sea, afirma Conen porque si no, no dejaría espacio para hacer otra cosa. El flechazo es lo primero que sucede, trastorna y activa la imaginación. Después viene el enamoramiento que es el tiempo del mutuo conocimiento y de ver si ese flechazo es posible o no. Es bueno tener en cuenta que el enamoramiento atraviesa por las siguientes tendencias: Los enamorados quieren estar juntos, no desean conocer a otra persona lo que da lugar al “sólo contigo”; luego quieren estar mucho tiempo juntos,” siempre contigo”; es una invitación al altruismo: “lo mejor de mí para ti” y finalmente, la fecundidad.

El sexto principio es el de dejarse amar por Dios; ninguna relación marcha si Dios no es el capitán del barco de ese amor. Que sea Dios el que comande esa relación, ese proyecto de amor de tal modo que será más fácil la reconciliación en el camino y superar muchas otras pruebas. Él y ella suman dos, pero él, ella y Dios, suman infinito. ¿Qué si se puede restaurar un amor?, sí se puede, para ello sólo se necesitan dos palabras: Sí, quiero.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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