Amor de mujer

Mujer esmeralda - Sonia Koch

Mujer esmeralda – Sonia Koch

En algunos casos entre mujeres y por cosas que le ocurren a la vecina, a la prima, a la amiga o a una misma se termina hablando muy mal de los hombres.

Sin embargo, una vez que se agotaba la charla con el unánime veredicto de que los hombres son unos desalmados sin corazón mi hermana se habría paso diciendo: “¡Pero mamá, por qué dices   “!ese hombre!” con desdén… cuando a fin de cuentas ¿tu marido no es un hombre?, ¿tu hijo no es hombre?!” Y rabiaba a morir cuando hasta en los cumpleaños infantiles sonaba aquella canción popular que dice que los hombres son una basura. ¡Qué va! Mi hermana con eso no iba al punto que un buen día hizo parar ese canto en plena fiesta explicándole a la gente y recordándole que también Jesucristo era hombre y que por tal, bastaba para no llamar a sus congéneres de dicha manera.

Tenía razón me faltaban manos para aplaudirla, los hombres nos parecen malvados y sin corazón pero a eso sólo hay una explicación muy sencilla: son diferentes a nosotras.

Un buen día enfrascada en una plática larga con una amiga que quiero como a una hermana y admiro como una filósofa llegamos a una certera conclusión. Dijo ella:

_ Lo que pasa, Mercedes, es que ellos… son diferentes.

_ Sí – dije yo- ellos aman como niños, nosotros como madres.

Y cuando pensé que refutaría añadió:

_ Sí, así es.

El amor de los niños es celestial, una de las cosas más puras y divinas sobre la Tierra pero también de las más vulnerables. El amor de madre, en cambio, es el contenedor de nuestras pequeñeces y debilidades. El varón poco sabe de atender minucias, poco está en los detalles y de paciencia entiende menos que una madre.

Hoy, otra amiga mía que sale de una decepción amorosa viene a mí y me dice:

_ Pareceré tonta, ¿no?, pero hoy volví a extrañarlo… hubiera querido que no suceda nada de esto.

_ No – le dije- no eres tonta, Almendra, lo que pasa es que tu salida es un proceso… es como si estuvieras buscando la salida de una selva donde te dejaron sola… y del centro de una jungla no se sale fácilmente.

Seguimos comentando y en eso me nació decirle que en medio de lo que sufría debía ver que su situación es privilegiada porque ama con toda el alma, lo da todo, ama de verdad, porque su amor era quijotesco, no como el de aquél, que ama lo que tiene al alcance de sus manos mientras nada lo obligue a salir de sí mismo, conformándose con muy poco.

Entonces, recordé mi cariño y admiración por los árboles y arremetí con una comparación, le dije que lo lindo de su trágica historia es que ella amó hasta el final, que él se fue y la dejó pero ella permaneció firme en su lugar como los árboles que permanecen de pie y fieles a sus raíces y siempre con los brazos abiertos para recibir al que llegue o despedir libremente al que se va, como ellos con sus ramas extendidas para acoger a las aves libres que vienen  y luego se van con la misma libertad con la que arribaron  y que el corazón de mujer es como una casa grande con las puertas abiertas a mitad de un camino que acoge al forastero, al desvalido, al desamparado y que por todo ello era lindo amar como amamos, que era lindo ser mujer.

El amor de mujer es fuerte, grande, intenso, abierto al sufrimiento si es necesario, sin importarle el desprecio, la humillación o el rechazo de los corazones cuando dicen: “ya no te amo”; y que una mujer cuando ama y sufre no debe arrepentirse sino sentirse alegre y satisfecha porque hizo lo que se le encomendó: amar hasta el final.

Ellos poco saben sufrir porque poco saben amar, suelen ser cobardes, cuando vivir de verdad es sufrir, arriesgar, dar y no cuidarse de sufrir aburriéndose en su propia mezquindad. Su sufrimiento será menos intenso pero también su amor. En fin, le dije que el amor de mujer aprende prontamente el amor incondicional, que amamos como una madre y nos desgarra el corazón la separación.

No obstante, nuestro error puede estar en la demasiada abnegación, en amar demasiado y tanto que nos arranque la vida y las ganas de vivir; en asfixiar y sobreproteger en poseer y controlar; mientras que ellos están libres de estos demonios y más bien son proclives a caer en los berrinches egocéntricos de los niños que todo lo quieren para ellos y a su manera, que no saben de renuncias ni desvelos por las noches.

Despídelo, le dije con el mismo amor, generosidad y alegría con que lo recibiste, aunque él marche con la hostilidad nada gentil de un niño enfadado y castigado porque no se le dio lo que quiso o porque se cansó de los sacrificios que supone amar.

A fin de cuentas, pensé el reto es para ellos y para nosotras, no amar demasiado en nuestro caso, si por demasiado se entiende el apego o el deseo de morir si el otro decide partir; no amar con mezquindad para ellos si por mezquindad se entiende el poco esfuerzo que ponen para comprender el alma femenina, para tenerle paciencia y darle contención.

Y que al final, ellos también sufren por amor porque hay mujeres egoístas, como también las hay madres que abandonan a sus hijos y no los aman, los malcrían y consienten, educando hijos egoístas y caprichosos que el futuro serán donjuanes ‘ropecorazones’; y que aunque no lo crea, ellos también aman con intensidad y con esa fuerza protectora que sólo Dios pudo dar a los varones.

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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3 respuestas a Amor de mujer

  1. Liliana dijo:

    Ahhh Merceditas mucha tela para cortar con el tema de los bellos hombres.
    Para mi los tenemos mal educados,si!!! nosotras las mamas,las abuelas,las hermanas, las esposas,la sociedad.
    Si…son diferentes,pero
    Dios puso un corazon igualito al de las mujeres en ellos,dejo en ellos tambien su mismo amor.
    Miremos a Nuestro Jesus,modelo perfecto de hombre,trataba a las mujeres con tanta dulzura y respeto,con tanto amor,pero para ellos es mas facil imitar al vecino mujeriego y no a un Jesus lleno de puro amor.
    No todos son iguales, muchas de las bellas canciones,poemas etc
    son hechas con el corazon de un varon,mira los sacerdotes como llegan a enteder tan profundamente una mujer y sacan la cara por nosotras,cuantos hombres solos en el hogar sin una mujer y hacen un papel extraordinario…Alli esta El Corazon de Jesus.
    Somos nosotras que les permitimos que algunos sean tannn malitos..y cuando son tan buenos a muchas no les gusta y prefieren al “bad boy”.

    Un besote,mil bendiciones.

  2. Sí, tienes razón… es responsabilidad y más cuando nos gustan los ‘bad boy’; porque tienen una enorme capacidad para amar… sólo que hay miedo, mucho miedo…

  3. Liliana dijo:

    Si nos gustan y mucho. :/

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