Boca cerrada y mente abierta

Quatro gordas em conversa - Sara Vieira

Quatro gordas em conversa – Sara Vieira

Fui niña en los ochenta y crecí viendo a mi abuela leer y ver la telenovela, una de Daniela Romo y otras más cuyos títulos eran evocadores como ese que anunciaba que “los ricos también lloran” o “el hogar que yo robé”. No olvido esas tardes en  que las mujeres de casa soñaban despiertas frente al moderno televisor a colores.

Mi tía cuenta que cuando llegó el televisor a Tarma se terminaron drásticamente las largas sobremesas a la hora del almuerzo, que ya mi abuela volaba a las tres a su lugar frente a la tele.

Conversar era bueno, era y es de las cosas más humanas en esta vida. Dicen que toda alma, ángel y demonio conversa, intercambia conocimientos y sentimientos, comparte; qué gran cosa es la comunicación, qué cosa entraña. Sin embargo, entonces mi abuela todavía conversaba y convergía a su alrededor a todos los de casa para describirnos cosas de su pasado, ingredientes de cocina, leyendas misteriosas como la del burro que echaba fuego por la boca, narraba con pelos y señales los tiempos vividos junto a su madrina italiana en Lima, las buenas costumbres que le enseñó, su repentina muerte; por la plática y la lectura tenía una mente lúcida y como buena contadora era un as en las cuentas.  Me gustaba escucharla, ojalá hubiera sido menos niña para interrogarla. Aunque era la regla que yo debía hablar poco porque por inmadura era en mucho impertinente; pero eso sí, aunque callada permanecía atenta con la mente abierta, muy abierta. Me heredó el silencio, la lectura y una curiosidad sedienta.

Hoy giro las últimas páginas de la impresionante historia de Albert Michael Wensbourgh, el personaje de la novela “Un mensajero en la noche” de María Vallejo Nágera; personaje real que conoció el lado más oscuro de la existencia humana y también aquel otro extremo luminoso que por misericordia de Dios, Él se lo dio a conocer una fría noche de 1997 en una de esas peligrosas cárceles de Inglaterra.

Entonces me di cuenta de lo mucho que me cuesta concentrar a la gente en lo esencial, de conmoverlas, ilusionarlas, alegrarlas en suma, ¡despertarlas!, distraerlas de sus urgencias  por un instante y atraerlas a lo más noble y sagrado. ¡Tú y tus cosas! Me dicen con la mirada y con una breve disculpa como quien pasa de largo seguro de la importancia de sus asuntos.

Me refiero a las cosas de la fe, de las más sencillas e importantes, ayer conversaba con una amiga que me dijo cuando le pasé información básica: “Ey, Merce, gracias por acordarte de mí” a lo que respondí que era más bien yo quien debía agradecerle por darse cuenta de lo que yo veía, por reconocer su importancia y alegrarse por ello. ¡Son cosas de las que se debe conversar como en los tiempos de mi abuela!, ¡son noticias sobre las que se debe informar!

Pensé que lo de Albert debió salir en la portada de los periódicos del mundo entero en ese tiempo y que debería ser una noticia permanente, que los medios si tanta sed de cosas asombrosas tienen, no deberían olvidar esa experiencia pero me encontré también con otra realidad, que los libros son una pasión íntima, imposible contar lo que se lee, no es fácil, quizá sea mucho más sencillo decir: Lee esto y luego hablamos. Igualmente sucede con las películas, aunque aquí la intimidad es posiblemente más compartida.

Qué bello sería volver a los ochenta cuando la gente conversaba más, comunicaba sus sentimientos y pesares, compartía no con afán de lucirse como ocurre hoy a menudo sino con el fin de ser y estar más que nunca en este mundo con los cercanos y en tiempo real.

 

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Vivencias. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s