¿Por qué a mí?

La fe - Guillermo Vuljevas

La fe – Guillermo Vuljevas

Nadie se libra de heredar una vida enrevesada, que tampoco es herencia sino que está ella hecha así, con puntadas chuecas y mal puestas. No hace mucho salí de una prueba muy grande que me enseñó a ver y  a agradecer lo que me había sucedido.

El padre Fortea dice que suele recomendar la lectura del libro de Job a los posesos y es que en verdad Job debe leerlo toda persona que se considere sufrida en esta Tierra, unos más otros menos; pero es cierto que hay gente “sufrida”, nunca antes había pensado en esta realidad hasta que un día reparé en que si bien todos sufrimos hay personas verdaderamente sufridas y ya Jesús hace una alusión a estas personas en las Bienaventuranzas.

Bien, es recomendable, por lo tanto, que lea Job todo sufrido. El padre Fortea es un sabio, santa Teresita de Lisieux también, no me resisto a compartir una buena parte de su “Historia del alma”: “Bien convencida de que la respuesta no se haría esperar, iba todas las mañanas, después de Misa, al correo con papá. Creía encontrarme con el permiso para emprender vuelo pero cada mañana me traía una nueva decepción, que no obstante, no desmoronaba mi fe. Pedí a Jesús que rompiera mis ataduras. Las rompió pero de una manera totalmente diferente a como yo lo esperaba. (…)” Esperaba ella el permiso de admisión para entrar al Carmelo pero no había cuando llegara. “Fue esa prueba muy grande para mi fe, pero Aquél “cuyo corazón vela” me hizo comprender que a quienes tienen fe como un grano de mostaza les concede milagros y que hace cambiar de lugar las montañas a fin de confirmar su fe tan débil aún. Para sus íntimos, para su Madre, no obra milagros antes de haber probado su fe. ¿No dejó acaso que Lázaro muriera aunque Marta y María le habían mandado decir que estaba enfermo? En las bodas de Caná cuando la santísima Virgen pidió a Jesús que auxiliase a los dueños de casa ¿no le respondió acaso que su hora no había llegado aún? Pero después de la Prueba ¡qué grande fue la recompensa! El agua se convirtió en vino… Lázaro resucita… Así obró Jesús  con su Teresita, después de haberla probado por mucho tiempo colmó todos los deseos de su corazón” (Cap. VI p. 177).

Otra persona, y que hizo frente a atrocidades en su vida, es Victor Frankl quien fiel a la honestidad que era como vivir el heroísmo en medio de los horrores de los campos de concentración, un día que debió partir con destino incierto junto a otros prisioneros, en lugar de aprovechar la oportunidad que alguien le daba de borrarse de esa fatídica lista, decidió asumirlo y marcha erguido al frente de su destino, pensaba que lo mejor era ‘dejarse llevar’ y no buscar a toda costa defender su vida, no a costa de ventajas, ayudas o trampas. Bien pues, la vida lo premió cuando al fin descubrió que en ese tren no iba camino a la muerte sino a hacer otro tipo de trabajos.

Albert Michael, protagonista de “Un mensajero en la noche”, luego de su conversión tumbativa y ya a través del tiempo descubrió que él debía pasar el resto de su vida en libertad en un monasterio; seguro de su decisión y lleno de entusiasmo escribió decenas de cartas a todos los monasterios de Inglaterra, pero grande fue su decepción cuando una tras otra fueron llegado las respuestas negativas a su petición. Sufrió lo indecible, probó la amargura del alma, la desesperanza y el desconsuelo de encontrarse tan solo en el mundo a puertas de su libertad. No obstante, contra todo pronóstico, cuando ya estaba en las calles grises de Londres le ocurrió algo milagrosamente inesperado.

Con lo de Frankl comprendí que tenemos la libertad de elegir frente a los condicionamientos que se nos presenten en la vida y que la mejor elección siempre será la que esté del lado del Bien por difícil que eso signifique, por el fracaso, la pérdida, el abandono que eso suponga. Que si se es fiel al Bien, a la Verdad fehacientemente, ésta nunca defraudará; y hacer esto es lo mismo que tener fe y permanecer siempre fieles a Dios como Job, Teresita o Albert, quienes pasaron las más duras pruebas de amargura en sus vidas y aunque se sintieron desfallecer nunca cedieron a la tentación de pensar que Dios los había abandonado.

Los reveses de la vida son una prueba para el espíritu en la que sólo claudican quienes no creen precisamente en ese espíritu que llevan dentro, quienes creen que todo lo que existe es el estrecho mundo en el que habitan desde esa concepción nihilista embotadora que hace que se vea la realidad como un irreparable absurdo. Cuando la clave es dejarse sorprender por vida como lo hizo Teresita a quien Dios rompió sus ataduras pero de una manera totalmente diferente a como ella lo esperaba, como le ocurrió a Albert, a Job, a Víctor Frankl quien iba valiente y resignado camino a su supuesta muerte.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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