Fórmulas de felicidad

Alegría - Marco Ortolan

Alegría – Marco Ortolan

Se puede pensar que la felicidad es el delirio por los logros alcanzados, la satisfacción por el trabajo bien hecho, la gratitud por la tersura de unas manos, el aliento perfumado del viento, la mirada tibia de un anciano, la voz cálida de un hombre.

Conversar con un amigo, compartir silencios, contar estrellas, tomarse la indeseable sopa humeante y tentadora, criticar menos y escuchar más. Leer y asombrarse, ver una película y reír y llorar.

Estar con quien se ama, añorar, soñar, recordar, esperar, atesorar, invitar, regalar, sonreír. Mirarse el alma en un espejo.

La felicidad es todo eso que enumeré cual inventario y al mismo tiempo nada de eso, porque se escapa como una luz tentadora en la oscuridad de la penumbra porque, al parecer, las moradas de la felicidad están siempre en el tiempo futuro y no aquí ni ahora.  Qué inquietante es, qué deseada e inalcanzable.

Lo cierto es que la felicidad no es el placer ni el goce; y a veces sí,  el dolor y el llanto, la lluvia y los relámpagos, el ayuno y el hambre, el adiós y la distancia. La renuncia y el olvido. La daga y la herida, el cansancio y el sopor. El sudor y la hipoxia, la ira santa y la fuerza.

No hace mucho encontré una posible explicación a lo que sucedería a algunos santos y místicos cuando de pronto ya no querían comer ni beber agua nunca más (fenómeno de la inedia) o a pesar de sufrir grandes dolores eran incapaces de quejarse y más bien, por el contrario, deseaban más padecimiento no por masoquismo sino porque pareciera abrirse en sus almas una grieta insondable por donde brotaría una generosidad voraz, capaz de superar todos los temores y apegos posibles. Incomprensible, irracional, impresionante pero real.

La explicación sobrenatural es clara: En ellos había una poderosa manifestación del Espíritu Santo, pero una explicación natural podría ser esta: la inmensa dicha por la que atravesaban.

Quien alguna vez se ha enamorado puede dar fe de ello. El amor quita el hambre y el sueño, aviva el ánimo y sin embargo, desconcentra, despiertan en el enamorado unas ganas irrefrenables de correr, cantar, bailar, hacer lo que nunca se hizo, soñar e incitar a la acción y a tomar resoluciones. El enamoramiento es un breve episodio de locura, de inspiración beatífica, es risa y llanto a la vez, es gozo. El enamoramiento es felicidad.

El Payaso - Pere Ventura Julià

El Payaso – Pere Ventura Julià

Es eso lo que seguramente sucedía a los santos que sintiéndose tan inimaginablemente queridos por Dios y deseando con gran inquietud corresponder a ese amor se abandonaban en sus brazos y sus cuidados. Esto que podría ser desmesura y falto de cordura era al final, el síntoma de la más grande felicidad y sabiduría. De ahí que el dolor se descubre como camino corto a la felicidad porque entendieron muy bien el sacrificio de Jesús en la Cruz y comprendieron también que sin sacrificio ni renuncia no hay verdadero amor ni dicha.

Todo enamoramiento es incomprensible, como toda felicidad. Quienes alguna vez descubrieron a qué se iban a dedicar el resto de sus vidas también les habrá pasado algo parecido. De pronto se hizo la luz en ellos y pudieron ver  que eran inusitadamente felices atendiendo a los enfermos o dibujando y pintando, o cantando y componiendo música; de pronto descubrieron que ocupados en esas cosas se les iba las horas, los días; les daba más ganas de vivir, de luchar y les quitaba todo miedo al sacrificio, al desvelo, al dolor o al hambre.

Creo que la felicidad es estar enamorados de Dios, de una tarea y frecuentemente, de una persona en particular. A partir de esto se entiende cómo todo lo demás pasa a segundo plano, no importan el frío ni el calor, no importan el dolor ni el hambre, no importan las penas… sólo el pedazo de Cielo que ya se habita en el corazón; sólo importa el amor porque ese amor es dicha y sentido.

Ese tipo de felicidad propone una vida en éxtasis y esto es lo que vuelve épica una existencia. El hombre feliz puede llorar y cansarse pero nunca dejará de estar feliz. La risa es propia de tristes y  alegres; la alegría puede ser pasajera pero la felicidad es un estado profundo del alma.

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a Fórmulas de felicidad

  1. Liliana dijo:

    Que bello escribes Merceditas.
    Un abrazote,mil bendiciones.

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