La duda

Camino al Cielo - Lucía Alonso Fernández

Camino al Cielo – Lucía Alonso Fernández

Me pregunto por las penas de C. ¿Cuáles habrán sido sus penas?, ¿de qué habrá sufrido tanto hasta sus sesenta y pico años de ahora?, ¿alguna enfermedad crónica pero no mortal?, ¿alguna cosa relacionada con su familia? ¿La incomprensión?… ¿cuáles habrán sido sus penas? Sí, la incomprensión, qué duda cabe. El silencio también, un silencio impuesto luego de tanto haber conversado. La espera porque le indicaron un día y no hay cuando llegue. La duda, la duda que escose el entendimiento. La soledad, porque de esos asuntos, nadie.

Viendo con binoculares algunas fotos familiares de sus álbumes, se la ve feliz. Se la ve sonriente con esa su sonrisa pícara y fresca con un niño en brazos, se la ve, joven y guapa. Ha visto a Dios. ¿Qué más puede pedir? Después de eso ¿es posible alguna pena? Lo ha escuchado.

El sufrimiento no sale en las fotos; y así como los ricos también lloran, los santos también dudan; y ella no es una santa, santos solo en el Cielo.

Así como hay cuantiosos males, hay cuantiosas penas. De esas inenarrables, inimaginables, de las más pequeñas y agudas hasta las más grandes e importantes.

Pero, el sufrimiento más grande ha de ser el de la aridez. Ese cuando se acaba la emoción, la inspiración y cuando es lunes por la mañana y  hay que ir a trabajar. El desconcertante sabor a hiel que deja el final de una luna de miel. Esa aridez que embarga cuando se está justo en el centro del laberinto vital, un ojo oscuro e insondable de donde emergen todas las interrogantes más inquietantes carentes de respuesta. Es como si el corazón dijera “Pero… ahora que despierto ¿qué hago yo aquí?”, “Ahora que lo pienso ¿quién me dijo que…?”, “¿No habrá sido todo esto un sueño?”… “¿No habrá sido un error?”, “¿Será verdad que…?”, “¿Hay alguien allí…?” Un callejón gris cuyos muros se tragan todos los gritos y los ecos y todo pensamiento lo mínimamente razonable. Un lugar lóbrego, húmedo y estrecho como una sórdida celda.

A la vuelta de todas las grandes ilusiones, inspiraciones y pasiones está esa ruta plagada de dudas. El irrenunciable pasaje gris de todo el intrincado laberinto de la vida. Ese es el sufrimiento más grande por el que han pasado los santos, los escritores (frente a una ansiosa página en blanco), los héroes, los profesionales. Todos.

De ese pasaje gris muchos retornan vencidos; otros, los que logran atravesarlo, pasan la prueba y siguen camino a la luz.

Ese es el sufrimiento más grande; sobre todo después de que se ha amado tanto. Nada más atroz que dudar de un gran amor (un gran ideal, una gran pasión). “¿Yo dije que te amaba?” equivalente a un “¿y tú quien eres?” de un padre con alzheimer a su único hijo.

Sí, ahora  que lo pienso ese debió ser el sufrimiento más grande, silencioso y solitario de C. Nada más desgarrador que esa noche oscura.

 

 

Anuncios

Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
Esta entrada fue publicada en Vida y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s