Retratos

Recuerdos familiares - Vicent Segarra Herreros

Recuerdos familiares – Vicent Segarra Herreros

Otra fascinación oculta y muy encendida es esa que tengo por la fotografía. No soy fotógrafa, llevé unos cursos en la facultad pero no fui más allá y más que tomarlas adoro contemplarlas. Cuando entro a una sala familiar poblada de retratos mi fascinación secreta son sus fotografías. Allí está la clave, pienso. En esos lugares desconocidos, en las sonrisas de sus rostros, en sus gestos, en los colores que los rodean; ahí está la clave porque ahí comenzó todo, la construcción o deconstrucción de los relatos de sus vidas.

Una de las cosas que hice con mi primer sueldo hace ya muchos años fue contratar a una querida amiga artista plástica a que ‘trasladara’ una fotografía antigua de mi familia a pintura. Se trataba del retrato de mi abuelita que con nueve años de edad posaba junto a su madrina italiana con pinta de abuela de Piolín en un retrato de abril de 1916. Regordeta, de traje negro y largo, moño redondo encanecido y dulce sonrisa. Cuando encontré esa foto entre las cosas de mamá quedé impresionada. Hasta ahora aquella es la fotografía familiar más antigua que ha llegado a mis manos. La guardo como un tesoro, mis primos y hermanos ríen de mí, incapaces de entender mi irremediable romanticismo.

Incluso, sospecho que mi fascinación por las fotografías – familiares y si son antiguas mejor- va más allá, llega hasta ciertos objetos antiguos. Hace unos años mamá vendió a una de mis tías el aro de matrimonio de mi abuela. Me pareció una injustificable lisura, ay mamá qué hiciste, le digo cada vez que me  acuerdo. Mi tía ahora no la quiere soltar por nada o por mucho pues ha visto en mi mirada un inexplicable interés por el aro. Me gustaba la idea de mostrar algún día a mis nietos el aro de mi abuela – ni más ni menos- y acontecer con eso el encuentro de dos extremas generaciones. En fin.

En la sala de casa hay una fotografía de mi hermana Delia sentada sobre un generoso césped en un paseo familiar que hicimos en el verano 2004. Ahí está ella para siempre sonriéndonos desde su lozanía y buena salud de aquel momento. Cuando la veo, más que mirarla, la contemplo y pienso en el Tiempo. La fotografía es el punto en que cruzan tres haces de luz, la del presente (el momento en que se tomó la foto), el pasado (la foto impresa o que en nuestro momento contemplamos) y el futuro (desde donde miramos).

Veo a Delia desde el futuro que ella ya no habita, la veo eterna en ese su presente, la veo gracias al portarretrato y al papel que concretizan y hace palpable en mis manos ese pasado.

El ciclo anterior en una clase de Cultura a mis alumnos de la facultad les mandé el experimento de elaborar con sus propias manos e ingenio un “álbum familiar”, las creaturas elaboraron unas grandiosas obras de arte que disfruté evaluar aun cuando sus simpáticas ‘enciclopedias’, porque resultaron unos tomos gruesos y grandes, tuve que cargarlas a casa para su revisión. Los chicos al final de la experiencia salieron reanimados y felices porque para ellos significó un inefable encuentro con sus raíces. Más aún en los adolescentes que andan muy metidos en su presente henchidos de futuro. Claro que no faltaron algunos para los que la tarea encomendada resultó un trágico aprieto cosa que me conmovió. Uno de ellos hasta me llegó a decir: “Profesora es que no sé qué hacer… yo no sé nada del pasado de mi familia. Mis papás son divorciados y al menos de mis abuelos paternos no sé nada”. Le dije que como buen futuro periodista debía de investigar y que yo sabía que aunque a duras penas algo encontraría. Al final, fue así, algo hizo y encontró buena data.

De otro lado, una razón más por la que me gustan los árboles es por su simbolismo con las genealogías, de dónde venimos, adónde vamos, qué historia llevamos en nuestras venas, etcétera. Todo eso que reflejan bien los mundos familiares  de García Márquez, Isabel Allende… Eso es Latinoamérica. Historia familiar, familia numerosa, tradición. Todo eso que se entiende mejor y se disfruta en el relato de los viejos, en las cosas antiguas y en las fotografías.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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