Para apasionados

Soñadores - Masha Vinogradova

Soñadores – Masha Vinogradova

Hace ya un tiempo que sigo el blog Escribiendo los miércoles del escritor Steven Pressfield, que traduce generosamente un amigo productor. De pronto me hice fiel seguidora del blog porque en él encuentro cada semana directrices sobre cómo conducir mi trabajo y en buena parte mi vida.

El blog trata sobre lo que hay que hacer para ser un buen escritor si es lo que en verdad se quiere y a partir de este particular trasciende a lo demás: a los demás y sus pasiones, a como llevar la vida de modo que merezca  la pena. Cada vez que leo uno de sus post enardece mi impetuosidad dormida, enciende mi mecha interior y en un instante me alista para el siguiente combate.

Para comprobar lo que digo será mejor leer lo que allí dice. Le habla a escritores porque él es escritor pero también a cualquier apasionado de la vida. Para mí se ha convertido en un imperdible porque además profundizo mis conocimientos sobre cine y me da las precisas para seguir la vida más por amor que por dinero. ¡Menudo lío a la hora de querer emprender algo! La eterna lucha entre realismo y romanticismo, la tensa pugna entre prácticos y románticos.

He llegado a la conclusión de que la mayoría de las cosas de los románticos son de naturaleza irreal. Mi trabajo, por ejemplo, es irreal. La profesión que elegí, mi concepto del amor, todo eso es irreal por eso será que los románticos sufrimos más que los prácticos porque cargamos con una dimensión más y eso nos pesa. Irreal no en el sentido de que no existan, sino de que resultan tan ‘complejos’ – sí, complicados- y, claro, poco prácticos.

Ayer escuché decir a un hombre que hablaba por teléfono a otra persona con total relajo y convicción que me dejó los ojos redondos como los de los búhos: “No, yo no, ya no me enamoro. Mira, no sirve ni el amor correspondido porque eso durará unos cuatro o seis años y después, igual te vas o te dejan. No, así estoy bien”. Su frase descendió impecable sobre la pista de aterrizaje de mi razón. Aquella verdad la sabía mi cuerpo, mi intuición, de alguna manera mi ser entero ya la conocía  pero nunca la había tomado y puesto en el centro de mi razón para pensarla, es decir, quella verdad nunca la había digerido. Y tenía razón, le di toda la razón. Caí desarmada ante su realismo y sensatez. Qué cabal. La inmensa mayoría asentiría. “Es así pues, qué remedio” dirían decenas de hombres y mujeres de brazos cruzados.

Pero no; los idealistas, los irreales, los ingenuos nos empeñamos en probar que no sea así. ¡Y no es así!

Aquel blog me lleva también al español Sergio Fernández que desde su tribuna sigue diciéndole a España  que el ‘talentismo’ es la mejor solución a la crisis. El periodista especializado en temas de desarrollo personal sostiene que las buenas ideas vienen disfrazadas de problemas por lo que sin temerlas hay que creer en ellas y realizarlas. Que la marca personal es lo que nos hará diferentes de los otros, que es precioso especializarse, tener un modelo a seguir (alguien a quien se admire) y hacerse de pequeños hábitos –todos los días o varias horas durante el día- desvinculándose de los resultados.

La mayoría de las personas se dedica a un trabajo de oficina por necesidad y renuncia a su pasión secreta: la música, el canto, el baile, la jardinería. Renuncia por motivos concretos e indiscutibles. ¿De qué vas a vivir si sigues pensando en pajaritos en el aire? Dicen y generalmente los padres son los primeros en decir y la cuestión brilla y truena en el corazón de la oscura realidad. ¿De qué? Como dice La Guitarra de los Auténticos Decadentes.

Pero si Sergio Fernández dice que es posible es porque es así y veo que la única forma de que lo sea es lanzándose al vacío de la peligrosa indigencia por un sueño. No he encontrado otra puerta más real que aquella. Si estudiaste ingeniería  y al cabo de diez años te encuentras cansado y cargado de títulos como un árbol navideño atiborrado de tarjetas, pero sin vida y te sientes con ganas de gritar, Sergio te dice: Grita. La reencarnación no existe, esta es tú única oportunidad.

Si se es joven y soltero, si se tiene amigos, familia, salud, ahorros será posible y aún sin todo eso, será posible. Lo único imposible es ocultar el dantesco optimismo que hay detrás de  esa convicción. En todo caso, hacer como dice Pressfield: “una por amor, una por dinero”, nunca todo por dinero y ¿por qué no… todo por amor?

 http://escribiendolosmiercoles.wordpress.com/

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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