Cielo de Lima

Torre Catedral Lima - Fernando Vento Gutierrez

Torre Catedral Lima – Fernando Vento Gutierrez

Hoy es un día de niebla en Lima, nunca es tanto esta ciudad como cuando la cubre una llovizna escurridiza y cuando el cielo gris compungido roza las cimas de sus edificios.

Un día dije a alguien que Lima era como una novia llorosa abandonada en el altar. Hoy está así, ha vuelto a ser ella misma después de mucho tiempo, porque el sol demoró un tanto abandonarla. Se iba moroso y sin ganas; nos tenía apretujados, pese al otoño, entre sus candentes y pegajosos rayos, pero creo que hoy al fin podemos decir que ya se fue aún cuando en unas horas más nos vuelva a decir: hola  con una sonrisa leve en sus tenues y debiluchos rayos pero no será más el mismo, será el sol que se resiste a morir.

Hay que tener mucha fuerza interior para levantarse cantando en días como éste, pero a mí me gusta no tanto para cantar pero sí para levantarme pronto a hacer mis cosas. Será que extrañaba ya a la Lima de siempre, metálica, sucia, húmeda y fría. Aun cuando disfrutaba también de su sol y el rumor de sus playas junto al parquecito. En fin, me gusta todo, el sol y la niebla, el manso invierno de la costa y el torrentoso otoño de la sierra.

Si algo me traje en el corazón de mi tierra a la capital es su envidiable cielo estrellado. Tarma es un pueblo construido sobre una laguna en las entrañas del Ande pero cuando una aguaitaba el firmamento desde el balcón se topaba las narices con la mar de estrellas innumerables. Las mil veces que he vuelto a casa me he topado la frente con ese techo estrellado que me hizo reparar en su magnificencia. En la sierra qué junto se está del cielo…  aquí en cambio, el cielo está muy arriba y yo al menos cada vez que lo miro lo encuentro poblado de nubes grises. En Tarma la pureza de su firmamento azul – azul es un don, donde es posible rozar el cielo y besarlo. El frío es seco como las distancias que hay entre las cosas y los silencios, porque allí la distancia y los silencios tienen forma y presencia. Aquí hay más ruido y cercanía a pesar de que Lima es más grande y Tarma más chica.

Es temprano y acabo de aspirar el penetrante aroma de unas margaritas y una azucena en la sala, la llovizna se siente y padece mejor entre aromas de flores mañaneras junto a una humeante taza de café. Así comienzo este día que vestida de llovizna Lima me espera con sus retos y quehaceres.

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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