Por una mirada un mundo

Y de pronto un día nos cambia la vida como a mí el martes a las doce en un quirófano, acorralada entre hombres con barbijo y debajo de una lupa gigante que me taladraría los ojos uno a uno para después de eso ver el mundo con aquella nitidez olvidada de mi infancia que prescindía de miopías.

Hoy a golpe de una gota cada media hora en cada pupila suspiro mientras miro el color intenso de las cosas y sus contornos y me va la dicha en el brillo que salpica en sus márgenes y me atraganta el grito de milagro cuando encuentro que al cabo de veinticuatro años mi mirada no tiene más límites, que para mi mirada un mundo, que por mi mirada un mundo… y me sorprendo del tiempo que pasé viéndolo todo detrás de dos cristalitos cuadrados. Fue largo el tiempo del que apenas ahora tengo recuerdos, será que contamos con la fortuna de que las emociones gratas reduzcan a segundos y aniquilen la memoria de tragedias que duraron decenios y milenios porque la intensa eternidad de la dicha provoca el naufragio de las tristezas del pasado.

Era 1989 cuando comencé a usar anteojos para siempre y es que aquel para siempre, por suerte, no resultó  eterno y aquí estoy hoy escribiendo esto, leyendo aquello, mirando a perencejo con mis ojos mismos y sin intermediarios, sintiéndome otra, más lúcida, más diáfana yo, y diáfana la existencia porque desde aquel martes para mí hasta las sombras brillan.

Leyendo unas cartas viejas - María José Aguilar Gutierrez

Leyendo unas cartas viejas – María José Aguilar Gutierrez

Este suceso tan memorable como privado ocurrido en un lapso de media hora (tiempo aproximado que duró la operación) ha partido mi vida en dos y me tiene gozosa como a aquellos niños que de pronto descubrieron un mundo dentro de un ropero, un secreto maravilloso e insostenible cuyos vítores se ahogan en un silencio disimulado. Nada mejor que pasar por la vida desapercibida pero percibiéndolo desde la cúspide de una abismal dicha.

Qué milagro divino son los ojos,  que grata experiencia la de volver a la luz como quien cruza a la otra dimensión antes de morirse y se da con que en la tierra hay mucho de cielo. Hace años atrás a mi hermana le hicieron la misma cirugía y ella nunca me contó detalles por aquella razón que decía yo tiene la memoria de protegernos de los malos recuerdos y tan sólo me había dicho: “Y de pronto… todo lo ves clarito. Pero qué claridad… la operación dura media hora”. Con ese titular fui yo a someterme al mismo destino y menudo momento el que viví. La situación no era tan de pronto cual si fuera magia o milagro, sino un tanto más penosa pero sí igual de rápida aunque con efectos posparto, porque sí que mis ojos dieron a luz, o mejor, se dieron ellos a la luz o cedieron ellos a la luz, en este caso todas las conjugaciones son posibles.

En el pasadizo camino al quirófano conocí a dos chicas más que como yo iban por lo mismo, a recuperar la luz de sus ojos y la calidad de sus vidas. Una de treinta y tres y la otra de treinta. Las tres treitañeras miopes desde la pubertad al fin decididas a hacer algo por ellas mismas y las que tres que coincidían en que ahora podrían nadar con toda libertad, maquillarse con libertad, usar lentes de sol, ir a reuniones sin anteojos ni los molestos lentes de contacto entre otras bondades que otorgan tener alas en la mirada.

Ahora contemplo con nostalgia y gratitud mis últimos anteojos, hace tres años me había jurado a mí misma que serían los últimos y hoy he cumplido mi palabra. En todo ese tiempo no los había roto, ni perdido. Ahí están todavía junto a mí, sin mis ojos, como cuencas huecas y desorbitadas, sin alma y por ello afortunadamente sin conciencia de pérdida ni de pena.

 

 

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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