La hora loca del amor

Muchacha dormida - Santiago Carbonell

Muchacha dormida – Santiago Carbonell

El amor en la sociedad de hoy es un valor importante y eso suena muy bien; pero el amor según estos tiempos no es nada más que idolatría al sexo.  Una experiencia de la que nadie quiere perderse, experiencia por la que muchos son capaces de dejarlo todo.

Hace unos días una muchacha que conozco abandonó a sus dos hijas pequeñas en los brazos de su anciana madre para correr detrás de un nuevo amor; y así, hay mujeres que hasta se matan por el amor de un hombre, que por el amor de un hombre renuncian a su dignidad, a su libertad, a sus esposos, a ser ellas mismas con tal de gustar, de sentirse deseadas, amadas, aceptadas. Mujeres que son capaces de dar lo que sea, de renunciar a todo, incluso a todo lo bueno tan solo por el amor condicional de un hombre. Como diría Chesterton “la aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo” y de cuerdos nada según los enamorados de esta época.

Aquella actitud es cada vez más frecuente, mucha gente por nada o por muy poco lo da todo; y poco y pobre es el amor de un hombre y más aún de un hombre que solo ofrece sensualidad y las mujeres somos muy pobres, tan pobres que nos conformarnos con esas migajas. Eso hasta despierta ternura y conmueve. Así somos, muy pobres. Qué lejos está el mundo de entender que nacemos para algo más que para enamorarnos de alguien y ‘ser felices’. Qué lejos estamos de entender que el amor es algo totalmente diferente y mucho más que el amor erótico aun cuando, si es auténtico, ése es un amor maravilloso.

Es lógico que por  amor uno quiera dejarlo todo, pero es triste que se deje todo – hasta de hacer el bien- por el amor que pregonan las telenovelas. Ese no es el amor.

La pobre debilidad de aquella chica, a decir verdad, puede ser la de cualquiera, por eso que nadie se atreva a lanzar la primera piedra porque antes que pan queremos amor y todo lo que se le parezca.

Encima de todo esto la libertad sexual no ha hecho más que esclavizar al hombre y a la mujer a la incertidumbre porque si antes había una aceptación plena de la persona y no solo se quería de ella su cuerpo o unos momentos de su vida hoy no se sabe lo que sigue en una relación, nadie lo sabe. Antes las mujeres y los hombres se sentían más comprometidos porque había un mandato social que los llamaba a tener palabra, a cumplir y establecerse; antes existía el compromiso no solo con el amor sino también con la institución matrimonial mientras que ahora apenas hay una conexión involuntaria con lo que se siente, con el bienestar y la dictadura de las ganas de cada momento.

La naturaleza lleva a buscar a su Creador en todo y lo buscamos  hasta sin darnos cuenta, el dilema es que se lo busca desde el egoísmo y así nunca se lo encontrará. Todos queremos la felicidad pero quien va en busca de ella huye del sufrimiento, en cambio quien va detrás del amor verdadero no le huye al dolor. La felicidad solo está en el amor, en ningún otro lado más. Hay más dicha en dar, en la generosidad, en el sacrificio que en el placer, el bienestar y las linduras pasajeras que se puede encontrar en el otro.

Un día sufrí mucho por amor pero un sacerdote santo me hizo entender que yo no podía morir por el amor de un hombre cuando Todo un Dios había muerto por mí. Santa Teresita ya lo decía: “Dios mío, los corazones a los que estás deseoso de prodigar tu Amor se vuelven hacia las criaturas buscando la felicidad en su miserable afecto en vez de arrojarse a tus brazos y aceptar tu amor infinito” (Historia de un alma Cap VIII pp. 229) Amor con amor se paga.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a La hora loca del amor

  1. Por parte de Dios y de Cristo, ¿en qué se basa esta predilección por los pobres ? Dios es Amor , Dios es Gracia , La gracia es libertad soberana, su propio movimiento de gracia hace de ella una condescendencia, un don que responde a las exigencias del amor . La naturaleza del amor le inclina a ir hacia lo más bajo, lo más desprovisto. Dios nos ama, no en razón de la bondad que poseamos, sino al contrario, porque somos pobres .

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