Resistencia

Funambulista - Víctor Manuel Redondo Cuadrado

Funambulista – Víctor Manuel Redondo Cuadrado

La fórmula letal que ha contaminado y puesto en crisis al amor humano, matrimonio, familia, etcétera parece estar compuesta de miedo, orgullo, egoísmo y  necesidad de autonomía. La gente no quiere equivocarse, no quiere quedar como tonta – mucho menos por amor – , no quiere ‘jugarse’ la seguridad y la vida por nadie, ni por los que dice que ama y no quiere comprometerse.

Quiere la ‘vida privada’, sí, muy libre de complicaciones pero vacía de sustanciales aventuras.

Esos son los nombres de los colores que pintan el panorama de la vida humana hoy. Existe una resistencia coriácea que apenas deja dar unos pasos inseguros hacia la entrega total, hacia una renuncia absoluta o a correr grandes riesgos por lo que vale la pena; cuando todo esto es, más bien, propio de una vida verdaderamente libre y feliz.

En cambio, en la sociedad de los seguros de vida, contra accidentes y demás tipos de previsiones, es mejor tomarse una pastillita contraceptiva y no salir de casa.   De allí a ¿comprometerse con Dios?, ¿con el partido político? (‘tránsfuga’ se le dice aquí al político que se cambia de partido para pasar a otro), ¿comprometerse con la persona que se ama?… Lejos, muy lejos.

Ahora no hay partidos políticos ideológicamente bien constituidos sino simplemente partidos electorales, los enamorados ya no se casan, sólo conviven y para la Fe se da mejor el ancho camino del secularismo. Dios, amor, ideales, sí, pero poco y al gusto como con la sal y pimienta.

El hombre se sitúa como centro y protagonista de su existencia, se siente un dios y quiere a Dios en sus manos y bajo su dominio; y no reconoce que la piel de su orgullo destila un miedo aterrador a caer en ridículo y equivocarse; y para cuidarse se arma de seguridades irrisorias que le hacen sentirse protegido. Tiene miedo a hacer el ridículo, ese ardor sería insufrible para su orgullo, y prefiere antes evitarse problemas y complicaciones, ¡qué pereza!

Y a todo eso se suma que no quiere ser esclavo de nadie, de ningún amor, de ninguna convicción, porque lo que busca sencillamente es sentirse libre aunque no lo sea realmente, este asunto no le importa.

A Dios le dice ‘vive, pero deja vivir’, “viviré según las leyes de mi conciencia, según las reglas de mi razón y la religión natural; y Dios no me negará, después de una vida honesta y virtuosa, la única felicidad eterna a que aspiro, la recompensa natural de las virtudes naturales (…) Pero si bien es cierto que me avergüenzo de todo lo que me degrada por debajo de mi naturaleza, tampoco siento atractivo alguno hacia lo que tiende a elevarme por encima. Ni tan bajo ni tan alto, no quiero ser ni bestia ni ángel; quiero seguir siendo hombre. Por otra parte estimo en gran manera mi naturaleza, reducida a sus elementos esenciales, y tal cual Dios la ha hecho la encuentro suficiente. No tengo pretensión de llegar después de esta vida a una felicidad tan inefable, a una gloria tan trascendente, tan superior a todos los datos de mi razón; y sobre todo a ese conjunto de obligaciones y virtudes sobrehumanas. Quedaré pues agradecido a Dios por sus generosas intenciones, pero no  aceptaré ese beneficio que sería una carga. ( “Mujer, ¿Por qué lloras?” Horacio Bojorge pp. 37 – 38)

En suma, el hombre se resiste a relacionarse con Dios, se resiste a entregarse por amor y prefiere la tibieza de las aguas mansas de una vida económica en todo, sobria y sensata la llama, precavida y serena. ¡Libre!

Los arrebatos y fuegos de la pasión apenas le alcanzan para gozar el cuerpo  y para todo lo demás la fría razón, aparentemente lúcida, que lo ayudará, según él, a huir constantemente de las complicaciones, cuando su mayor complicación es la cruda paranoia que lo lleva a escapar de todo lo que sea sufrimiento y dolor, le gusta la superficie del amor mientras no sienta sus amarguras como la dulzura de una naranja hasta sentir su acidez. Lo frustrante es que aunque huya, el dolor, la muerte, la pobreza, la insatisfacción… siempre lo alcanzan, y justo allí cuando ha rechazado toda ayuda divina.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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