Esclavos de la rutina

En el segundo show - Alejandro Arrepol

En el segundo show – Alejandro Arrepol

A veces decir “estoy ocupado” o “estoy trabajando”, es la mejor forma de evadirse y de auto engañarse. La mejor y más cómoda forma de quedar bien ante los demás y no hacerse cargo del resto de responsabilidades que comprende la vida.

Hace un par de días decía que no hay nada mejor que llevar una vida ocupada en quehaceres constructivos; sin embargo, también hay que tener cuidado de no camuflar el egoísmo debajo de esos quehaceres grandiosos, de los que nos jactamos y provoca decir a la gente joyas de nuestra hechura cuando en el fondo no es más que la mejor forma de huir de lo que realmente estamos llamados a hacer, como la crianza de los hijos, la atención del hogar  entre otros asuntos igual de sencillos pero que poco interesan. Una prima mía, muy sincera ella, me ha dicho repetidas veces que ella descansa once meses al año y trabaja sólo uno, porque es precisamente en su mes de vacaciones cuando trabaja más, porque cara al caótico universo de su casa no le queda más remedio que esclavizarse horas en solucionar problemas domésticos o dedicarse a asuntos del hogar que en los otros once meses tiene la buena excusa de esquivar.

Así somos, tendemos a la vida parasitaria, a aferrarnos a algo con tal de sobrevivir y sentir alivio, el económico alivio del cobarde antes que decidirse a salir al frente y hacer lo que  debe hacer.

Así somos, convenidos y con la enorme capacidad de convertir los buenos amores y actos en objetos de insana dependencia por no atrevernos a dar lo que realmente se nos pide.

Tal parece que con una mano construimos y con la otra destruimos lo que hacemos y bien dice en la Imitación de Cristo: “Cuando nuestro afecto interior está corrompido necesariamente se corrompe también la consiguiente acción externa, porque nació privada de fuerza interior. Los frutos de vida virtuosa proceden de un corazón puro.

Se indaga cuánto ha hecho uno, pero no se examina de la misma manera con cuánta virtud lo ha cumplido.

Se investiga si alguno es fuerte, rico, hermoso, hábil, o buen escritor, buen cantor, buen trabajador, pero se calla por parte de muchos si es un verdadero pobre de espíritu, paciente, manso, devoto y cuánta vida interior tenga.

La naturaleza mira lo exte9rior del hombre; la gracia penetra en lo interior”. (Libro III Cap. 32)

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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