Romance

Jazz, my romance - Antonio Ortiz López

Jazz, my romance – Antonio Ortiz López

Hace mucho tiempo cuando conté a una buena amiga que había conocido a un chico y estaba encantada con él, su consejo lapidario fue: “Conócelo antes de enamorarte”. En ese momento no la entendí, cómo es eso, pensé, si yo ya estoy enamorada; busqué no darle importancia pero lo curioso era que me había quedado impresionada con esa frase. Por alguna razón no la había olvidado nunca y de cuando en cuando la recordaba pero más para luchar con ella que para intentar comprenderla, pues pensaba que aquello era como decir a alguien “pruébalo pero no lo degustes”, o “báñate pero no te mojes”, qué incongruencia, decía, pero seguía la frase en mí.

Después comprendí que sí era posible.

Ahora que veo en retrospectiva puedo afirmar que ni lo conocía y ni estaba enamorada. Lo que estaba era ilusionada y los síntomas de la ilusión son muy parecidos a los del enamoramiento y peor aún si se tiene ‘hambre de hombre’, es decir, hambre de ser querida, hambre de dar y sentir el amor de un varón.

Por su parte él se sentía el hombre más enamorado de la Tierra, pero era que también estaba borracho de ilusión.

El enamoramiento me vino después, justamente a través del conocimiento y el trato; pero en eso que yo iba enamorándome él iba desilusionándose por pruebas que el laberinto de la vida nos había puesto.  Me había enamorado de quien no me amaba y peor aún, me había enamorado de quien no tenía que enamorarme porque conociéndolo había descubierto ciertos detalles que no engranaban conmigo pero que yo había hecho la vista gorda.

Las mujeres solemos hacernos la vista gorda con tal que nos quieran aunque sea un poquito y eso me recuerda a los pichichos que van debajo de las mesas opulentas para tomar las migajas. Esto por supuesto, lo entendí mucho después.

Dicen que del dicho al hecho hay mucho trecho, bien pues, del conocimiento al enamoramiento también debe haber mucho trecho. La única manera de cuidarse de caer en los brazos de quien no nos ama o de quien aún enamorándose no comparte opiniones ni posturas en cuestiones fundamentales de la vida, es con el reconocimiento del momento exacto en el que nace el interés por alguien pero poniendo el pie en el freno antes de llegar a los síntomas engañosos de la ilusión. Difícil pero posible.

En otras palabras, a través de la razón. Las que somos sensibles, románticas y apasionadas tenemos en eso un gran reto y mucho en contra pero no es imposible. La razón, señoras.

El dominio de sí es una virtud muy poco difundida en este siglo que aplaude la ‘liberación de los instintos’.

¿Qué hago con lo que siento?, pregunta un hombre casado a su amante en una telenovela. Mátalo, debía ser el consejo. Termina con ese ‘sentimiento’. ¿Qué vas a hacer? Piensa en lo que estás haciendo, en lo que haces; y resulta mucho más fácil ser razonable cuando se tiene autoestima y el autoestima empieza ahí cuando la persona se siente amada por Alguien. “No te llamarán más abandonada y serás mi favorita”, dice ese Alguien. Luego nos pregunta: “Mujer, ¿por qué lloras?”… y ¿por qué lloramos las mujeres si no es por amor?

Recién entonces, una puede contenerse el hambre y guardarse de pequeños aperitivos con tal de llegar bien dispuestas al apetecible almuerzo. Es decir, el sano amor propio puede darnos la capacidad de manejar nuestros impulsos sensibles y decir: Puedo tener mucho ‘hambre’ pero eso no me llevará a confundir las piedras con panes ni los alacranes con peces.

Si en los asuntos financieros seríamos incapaces de cometer la locura de entregarle nuestra fortuna al primero que pase; mucho más recaudo se debe tener a la hora de entregar el cuerpo y el corazón. El problema es que el mundo marcha al revés.

De mi experiencia aprendí que el amor se manifiesta en poemas pero también en actitudes; en canciones pero también en paciencia.

El amor es paciente, lo espera todo, dice san Pablo. Ahí donde se termina la paciencia, donde acaba la fe y la esperanza, no hay amor.

El verdadero amor más que cambiarte lo que busca es que crezcas en eso que ya eres. Si eres médica no te pedirá que seas abogada, sino la mejor médica. En suma, el amor es distinto al romance.

Por otro lado, es importa descentralizar el amor del sexo, centralismo especialmente difundido en los último ciento cincuenta años; y al mismo tiempo, desasociar el concepto de amor de conceptos como: entretenimiento, diversión o relax.

Las salidas son para conversar, conocerse, para aprovechar el tiempo en ver si es o no la persona idónea para nosotros; no para simplemente entretenerse o relajarse.

Contigo la paso bien, dice él o ella, en casa nadie me entiende. Pero lo que no sabe la persona en cuestión es que cuando él o ella ‘entre a su casa’, es decir, sea parte de su vida, probablemente será entonces aquél o aquella parte del problema y ya no de la evasión.

Aquí una canción romántica a propósito del post de hoy.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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