Sonidos

La Confianza - Sonia Koch

La Confianza – Sonia Koch

Existen recuerdos audibles de esos que apenas consideramos pero que están ahí, en el cofre sonoro de la memoria. Los recuerdos de ese tenor siempre me han maravillado ¿cómo es posible oír a voluntad lo que ya no está… y una y otra vez?

Recuerdo todavía con mucha nitidez la voz de mi profesora de primaria diciéndonos a voz en grito: “¡Niños!…” Recuerdo su timbre entre severo y maternal, una mezcla vital de rigor y complacencia. Recuerdo a tía Carmen que murió cuando yo tenía siete años, gritando por el pasadizo de la gran casa: “¡Concho!…” llamando a mamá para hacerle recados.

De los recuerdos, los sonidos son de los que menos consideramos, como el mío de aquellas tardes silenciosas arrumadas por el vaivén del poderoso viento que mecía las ramas de los árboles en los bosques de eucaliptos del cerro san Sebastián cerca a casa. El viento mecía los brazos de esos árboles y el arrullo llegaba hasta donde yo estaba. Ese sonido natural es de los que no he vuelvo a escuchar, no por lo menos con el escenario de entonces, en el comedor de casa, con el brillo del sol salpicándose sobre el hule que cubría la mesa de madera donde yo apoyaba mis manitas, mis libros con tareas del colegio y mi todavía pequeña conciencia del mundo. La pureza de ese arrullo de follaje en la distancia es una perla escondida en mi memoria que confío recordaré mejor una vez entrada en ancianidad.

Otro sonido de invaluable sublimidad es aquel que me sumaba en somnolencia las tardes domingueras de visita a tía Rosa. El eterno tica tac de su reloj de cuerda en su dormitorio, un reloj redondo de piel verde, números arábigos negros y de fondo blanco.  Desde allí miraba yo la colección de muñecos de la prima Cecilia y por la ventana el huerto dulce de hortalizas y flores y en lo que mimaba mis ojos con ese paisaje sumergida en aquella apacible atmósfera, el tic tac golpeteaba en mi memoria dejando su huella en ella para siempre.

Otro recuerdo sonoro parecido a aquel tic tac, es el doblar de las campanas de la catedral. Desde entonces cada vez que escucho doblar las campanas en cualquier parte del mundo me secuestra un deja vu y como quien cruza a otra dimensión, de pronto las calles por las que transito no son las que a este futuro pertenecen, sino las de mi pasado.

Los silencios también son parlantes en la memoria. Lima es una ciudad muy ruidosa, en cambio en la sierra el silencio tiene potestad. Ocupa un espacio y enmarca las vidas en un rellano bendito que alivia los pesares.

¿Qué recuerdo audible tiene?… la voz de seres ausentes, la risa conocida de un vecino, el ronroneo de un gato, el ruido de un ascensor, aquel del paso de un tren, el gorjeo de un ruiseñor.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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