Floripondio

Floripondio - Mónica Torrejón Majluf de Kelly

Floripondio – Mónica Torrejón Majluf de Kelly

Mi amiga Doris es maravillosa.

Es un personaje salido de cuento, yo la llamo Dulcinea porque es soñadora como el Quijote y porque siendo pequeña de estatura tiene sueños altos e inabarcables.

Es una experiencia avasalladora, un torbellino con nombre de mujer, una vertiginosa montaña rusa, una pequeña de tacones altos, un trazo surrealista sobre el lienzo de Dalí.

Cada vez que converso con ella y que no son muchas las ocasiones dada la distancia, muero de risa, a veces de impaciencia, mas siempre del buen gusto de tenerla cerca, porque tratarla es como ir al parque de diversiones más grande del mundo, es como ir al Disney del alma.

Hoy me hablaba del clima en Madrid: “Oh, un espantoso frío”, me comenzaba a describir; a lo que yo respondí: “Es increíble. Lima será fea pero tiene uno de los mejores climas del mundo. Doce horas de luz natural al año, brisa, sol a medida, lluvia menuda. Nice… ya te decía, es como una mujer fea pero que parece bonita por su buen temperamento. Se parece a mí”. Es así, Lima hoy está de verano, pero se trata de un estío primaveral, con vientos fríos al atardecer y en las mañanas.

Entonces ella comenzó otra vez a decirme, como siempre lo hace: “No, Mercedes, no sé si reírme… ¡pero es que tú eres muy elegante, no te pareces a Lima!”.

A lo que yo respondí: “Me encanta cuando me dices ‘elegante’. Has patentado esa palabra. En cierto modo no entiendo qué quieres decir cuando me dices así. Me intriga tu percepción, es para mí un misterio. Me pregunto, qué será lo que verá en mí para que me diga eso”. Y me cuenta algo que nunca me había dicho, que había conocido a una señora española parecida a mí. Le dije que siempre quedo con ganas de ver a quienes me ven parecida, pues me gustaría mucho verme por un rato con los ojos de los otros.

Lo cierto es que rebatió cuando me dije fea. Nunca me consideré bonita  y por eso tampoco me he sentido fatal. Para mí decirme fea es como decir que soy morena y no rubia. “Oh no, por favor, sí eres rubia”, me diría alguien defendiéndome de mí misma. “No señor, soy morena”, replicaría yo de igual manera.

Al final mi pequeña Dulcinea llegó a una conclusión meridiana: “!Eres guapa, Mercedes!” y le dije: “Sí, también lo soy. Hay una verdad trepidante, no hay mujer fea en el mundo. Todas somos guapas… necesariamente”. Salvo por la maldad o el desamor que opacan, pero no hay mujer fea.

Aquí defiendo mi teoría. La mujer ha sido creada para atraer el varón, es de cuerpo naturalmente sinuoso, delicado, y así las hay muchas. Ahora bien, ¡Qué decir de sus encantos interiores!… somos más amadoras que los hombres, entregadas, fuertes, arriesgadas. ¡Qué mas belleza que ese conjunto natural de cualidades!… una mujer así, aunque menos lucida en su aspecto, no puede dejar de ser hermosa.

De ahí que si no es guapa por fuera, lo es por dentro; y si no es guapa por dentro, lo es por fuera. En conclusión, una mujer siempre es guapa. La mujer es guapa por defecto, ha sido diseñada así. Cuando Dios creó a Eva, creó a la criatura más bella.

De lo que sí estoy convencida es que los varones son muy crueles en calificar a las mujeres. No tienen reparo en llamarlas feas cuando quieren. Los feos son ellos. Los he escuchado de mis enamorados hablando de otras, de mis amigos hablando de otras, de un último pretendiente hablando de otra. Un hombre que llama fea a una mujer no es digno de mi confianza. Es preciso cuidarse de los varones ‘rajones’ y deslenguados porque tarde o temprano esa lengua será cuchillo de traición.

La puede llamar desarreglada, deslucida o mala, pero fea no. No hay mujer fea, señores.

Entonces Dulcinea concluyó: “!Eres mi floripondio!”

¿Qué es eso?, le dije con extrañeza,  y encontré en el diccionario de la Real Academia que floripondio es un arbusto de Perú y que también tiene una connotación despectiva, es una flor grande en adornos de mal gusto. Morí de risa. Entonces le dije: “Cierto, soy una flor grande… en Lima”.

En esta plática con Doris, conocí una nueva palabra, recibí la noticia de que me parecía a una mujer española seguramente fea pero guapa, puse los puntos en las íes a los hombres que son todos rajones – es natural en ellos –  y me dio tela para un nuevo post.

Entonces Antonnet como adivina, me dice en la otra ventana, quejándose de que todos en casa están mal: “Mis machos en casa son frágiles” y yo le comento: “Me temo que los machos son frágiles… la mujer es la fuerza, ya lo decían los Beatles”.

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Acerca de Mercedes M. Sarapura S.

Nací en Tarma/Perú en 1977, soy comunicadora social con estudios de maestría en Comunicación y Cultura. Me dedico a la docencia universitaria y últimamente al periodismo radial. La Literatura es uno de los grandes amores de mi vida, he escrito alguna novela inédita, cuentos infantiles y artículos de opinión que intento canalizar en este espacio que alterna entre la ficción y la no ficción.
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Una respuesta a Floripondio

  1. Lourdes Delgado Morales dijo:

    Es todo un personaje, mi amiga. Yo también he escrito sobre ella, sólo que no por “Desde el Alma para la Vida”, sino desde otro blog más personal e intimista que tengo en Blogger.

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